
Usando como bastón la niebla
Me he posado en camas ajenas
Sintiendo testeros bulliciosos
Oliendo barniz en cada respiro
Revuelto el cedro fresco en cada bocanada, me fijo en luces tenues cursis a la manguala de mi cuerpo ajeno
Suscitada la noche y los días entre sabanas
Y gritando sin aullidos profundos
Profusamente el cuerpo se ensancha y la mente se enlista en viajes al aire, a la nada, donde no hay carne, ni hedor de piernas encontradas
Anduve años enteros, sin agua y con abundantes besos
Intersectándome con lo oscuro
Ofreciéndome en espacios desnudos
Fumando picadura de gente con un solo nombre
Las orquídeas de aquella época florecían en mi cabeza
Se alzaban a lo alto, estrujándome con hojas verdes, calientes y carnosas
Alargadas desde un primer momento, sobaban mi rostro al igual que los mimos maternos al infante
Bailoteaban ante mis ojos teatreando hipnosis
Líneas azuladas sobresalían en el follaje, ocasionando del movimiento en péndulo manchas de laguna en mi excerpta carne, marcada en prurito por el olor seco de las hojas
Yacían en crecimiento acomodado hojas moradas del color de racimos de uvas viriles, moviéndose con aliento ligero, intentando ponerme en celo mientras que de nuevo las hojas fungían como lecho
Pardas se volvieron las hojas cuando llegó la noche, las estrellas, vi que absorbieron su luz y tomaron el color descrito, o mejor, intercambiaron carices.
La forma se mantenía intacta
El efecto aún era irreductible
Los pistilos brincaban sobre mi cabeza sin temor a la noche
El polen morbosamente cultivado se esparcía sobre el aire formando líneas y a su vez figuras castizas
Toda esta formación era digna de ser aspirada
El momento en general
La escenografía
La luna
El sol caído
Las estrellas rutilantes
Las montañas más pequeñas que nuestra orquídea poética
¡Tú me entiendes!
Era un día como de aquellos
En el que la vejez no golpeaba, no estaba azarosa en mi puerta
No tiraba piedrecitas a mi ventana
No manchaba la huerta
Era una época de contradicción
Flores amargas, raíces olientes, frutos digeribles, vallas de bosques rojas y podridas
Era un somero retrato de paraíso
Por primera vez, visto sin enredaderas que subían por tus pies
Volviendo de nuevo a la recamara siendo seducido por la brisa
Con sonrisa amarga por estar desposeído de juicio
Estaba escribiendo nuevamente, esta vez sobre telares, si soy yo, el viejo oscuro haciendo prendas a mano que estuvieran llenas de sangre, hojas y maleza
Así soy yo
Así son estos días esperando a volar
Consiguiendo excusas para imaginar en ausencia
Andando con capa caída
Haciendo de cada objeto exterior un eufemismo que relacione mi intención con tu devoción.